Mié. Feb 19th, 2020

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Machu Picchu Hoy

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Machu Picchu
por: Arql. Lizardo Tavera Vega

Fotografía panorámica de Machu Picchu
Machu Picchu en panorámica vista. En el fondo, impresionante, el Huayna Picchu (huayna=joven, machu=viejo).
El Val de Urubamba
Para los Incas el val de Urubamba es la entrada a la selva, el antisuyu, la amazonia, la tierra de los “chunchos”. El río que lo forma tuvo por nombre viejo Willka Mayu o bien Río del Sol, y el neviscado de cuyos deshielos nace era llamado Willkan Uta o bien Casa del Sol. Este val estuvo íntimamente ligado con el culto solar, en tanto que la palabra Willka es la de semejante dios, palabra que precede en empleo al ahora más popular Inti.

mapa de localización
Ya antes de la fundación del Tawantinsuyu, en el siglo XV, el val estaba habitado por pequeños curacazgos. La parte alta la ocupaban los Kanchis, que a menudo hacían la guerra a los Collas del altiplano. Más abajo estaban los Ayarmacas, cuyos curacas se hacían llamar Tocay Capac. Cara la senda del Cusco, en la presente provincia de Canchis, Pinau Capac tenía bajo su dominio una parte del val del Cusco. En la historia de leyenda sobre el reparto del planeta aparecen como adjudicatarios Manco Capac, Colla Capac, Tocay Capac y Pinau Capac. Esto señalaría que en esos tiempos, anteriores al Tawantinsuyu, eran estos últimos quienes controlaban el val de Urubamba o bien Tampu, como se le conocía en ese entonces.

La palabra quechua tampu tiene múltiples acepciones: posada, propiedades fuera de la urbe, el nombre de un val, un río y una nación. La más utilizada es la primera, la que se refiere a posada y que se ha castellanizado como “tambo”. Se le halla en muchos topónimos formando palabras compuestas, como en Limatambo (Posada de la ciudad de Lima), Tambomachay (Gruta de los Tampus), Pacaritambo (o bien Pakarejtampu = donde aparecieron los Tampus).

La acepción de Tampu como apodo de nación es utilizado para nombrar al curacazgo que habitó ese val ya antes de los Incas. Tal y como es mentado en las leyendas, fue una de las naciones creadoras del Cusco (Qosqo), al lado de los Maska, Mara y Quillke. Se ha relacionado la historia de leyenda sobre la fundación del Cusco por los 4 Hermanos Ayar con las 4 naciones ya citadas. De esa manera, conforme este mito los Masca estarían representados por Manco Capac (el héroe creador), los Tampu por Ayar Uchu, Los Mara por Ayar Kachi y los Quillke por Ayar Auca. Uchu significa “ají”, y por su tiempo y altitud, esta planta fue extensamente cultivada en ese val, como la planta de la coca a cuyo tratante se le afirma en aymara “tambu-kiru”.

Pachacutec fue el primer Inca en salir alén del val del Cusco, después de su épica victoria sobre los Chancas. Una parte de sus extensas conquistas incluyó el val de Tampu, que, pese a estar habitada por esa nación, hermana del Cusco, no se libro de su férreo dominio. Por su belleza natural, tiempo benigno (de los mejores de los andes) y rico suelo, lo utilizó como asentamiento predilecto de la nueva nobleza imperial, acicalando al val con múltiples de las más fastuosas urbes del Tawantinsuyu, como son: Ollantaytampu y Machu Picchu.

Fotografía de muro y entrada trapezoidal
Muro y entrada trapezoidal. Se puede querer el perfecto empleo de la piedra por los ingenieros incas y las habituales entradas trapezoidales. Picchu fue mandada a edificar por Pachacutec para ser la más preciosa del Tawantinsuyu.
Muchos años después (mil quinientos treinta y tres), sirvió este val como cobijo y última morada de los Incas de Vilcabamba, que resistieron por ciertas décadas someterse al poder de España, después de la conquista del Cusco.

Picchu, una llacta Incaica
Las Llactas son la mejor prueba del espíritu imperial de los Incas y su anhelo de dominar de manera permanente las naciones que conquistaban. Son estas grandes asentamientos construidos en la senda del Capac Ñan (Camino Real Incaico) con el propósito de supervisar y regentar la economía de las distintas zonas conquistadas. Fueron construidas siguiendo un planeado orden mandado por la necesidad de supervisar y retener sus conquistas. En esencia, las llactas fueron urbes burocráticas donde radicaban los administradores incas y todos y cada uno de los funcionarios de su ayuda, de forma conjunta con sirvientes y artesanos.

Picchu (nombre original de Machu Picchu) fue una de estas llactas, mas retuvo para sí un papel singular. Es la única distanciada del Capac Ñan y fue construido en un sitio reservado y también inconquistable del val de Tampu, en tierras de la panaca de Pachacutec (el creador del Tawantinsuyu). Fue la pero hermosa del imperio por el hecho de que fue construida para ser el cobijo y morada de lo más escogidos de la aristocracia en el caso de un sorpresivo ataque. Los caminos que conducían a Picchu eran prohibidos para el común de la población, puesto que era su localización un secreto militar. Los profundos acantilado y salvajes montañas son la mejor defensa natural.

Como toda llacta esencial, no dejaron de estar presentes en Picchu un Acllawasi (“casa de las elegidas”), un intiwatana (reloj solar, que marca las estaciones del año), kallancas (galpones para los guerreros), baños y acueductos, como extensas áreas con andenerías.

Fotografía del Intiwatana
El Intiwatana o bien “sitio donde se amarra al sol”. Esta piedra es la pieza central y más esencial de un complejo sistema de mediciones astronómicas para determinar las datas de comienzo y fin de las campañas agrícolas.
Por último Picchu cumplió con la razón para la que fue construida. Sirvió como cobijo a parte de la aristocracia (de manera especial de las Acllas -mujeres elegidas para servir al dios sol-) tras la conquista de España del Cusco en mil quinientos treinta y dos. Al estar (como ya se afirmó) distanciado de toda senda y no ser un centro productor, no recibió el embate directo y destructor de los nuevos conquistadores. A la atrapa del último Inca rebelde: Tupac Amaru, hubo de ser descuidada, puesto que ya no había razón para continuar viviendo en ella.

Descripción de Picchu
Está situada a ciento treinta quilómetros al nor-oeste del Cusco, en la provincia de Urubamba, en la cresta del cerro Machu Picchu.

Los arqueólogos han dividido Picchu en tres grandes sectores: (1) Distrito Sagrado, incluye el Intiwatana, el Templo del Sol y la Habitación de las 3 Ventanas, (dos) Distrito de los Sacerdotes y la Nobleza (zona residencial) y (tres) Distrito Popular, el la parte sur de la urbe, donde se hallan las residencias de la población común. Todas y cada una de las edificaciones en Picchu prosiguen el tradicional estilo arquitectónico inca: construcciones con muros de sillares pulimentados de manera regular, junturas perfectas entre los bloques de piedra y un ligero talud o bien inclinación, haciendo que la base sobresalga sutilmente respecto a su remate. Vanos siempre y en toda circunstancia trapezoidales y empleo de hornacinas y cincelados como ornamentos arquitectónicos.

Fotografía de la habitación de las 3 ventanas
La habitación de las 3 Ventanas, representación simbólica del Tamputocco, o bien cerro con 3 ventanas de donde, conforme el mito de Los Hermanos Ayar, salieron los Incas el día de la creación.
Picchu puede ser famosa, asimismo, como la urbe de los andenes, las escalinatas y fuentes de agua. De las primeras, se pueden contar más de un ciento, ciertas cuales con 100 escalones o bien más. En ciertos casos la escalinata de 8 o bien diez escalones ha sido cincelada íntegramente en un bloque de roca de grano. En todo el área de Picchu abundan los estanques y fuentes de agua llamadas “pacchas”, labradas en piedra y también interconectadas por canales y desagües horadados en la roca.

“El Descubrimiento”
El veinticuatro de julio de mil novecientos once es conocido por ser la data del “descubrimiento” de Machu Picchu, por el apasionado a la arqueología y explorador de Norteamérica Hiram Bingham. No obstante, llegar a este día para su primordial protagonistas no fue producto del azar. Años ya antes, Bingham se interesó en las leyendas tejidas en torno a la llacta de Vitcos o bien Viticos, el último cobijo de los incas rebeldes a los españoles en la selva de Vilcabamba, contadas de forma épica por cronistas de esa temporada. En mil novecientos seis efectúa un viaje por la senda Buenos Aires – Cusco, viejo camino comercial a lo largo de la colonial . Llegando a esta última urbe se rencuentra con su interés por la legendaria urbe Inca (Vitcos) y el val de Vilcabamba. Emprende viaje a la urbe de Abancay, entrada natural a esa una parte de la selva donde aparentemente estaría Vitcos. Allá es informado de la existencia de una urbe perdida en el “monte” (selva escarpada). Emprende viaje, y los guías locales lo llevan a unas impresionantes ruinas que ahora conocemos como Choquequirao. Bingham no se dejó impresionar, la Vitcos de sus sueños había de ser más impresionante todavía. Retorna a los U.S.A., encantado por el descubrimiento a reunir fondos para proseguir con sus exploraciones, consiguiendo lograr el apoyo de la National Geografic Society y la universidad de Yale, aparte de dinero entregado por amigos y familiares. Localizar Victos ya no era solo un interés académico, era una compañía bien planeada.

En el mes de enero de mil novecientos once, el Sr. Braulio Polo y la Borda, dueños de la hacienda Echarati, en la localidad de Mandor, provincia de la Convención, departamento de Cusco, tiene como convidado al Sr. Giesecke, por entonces rector de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, a quien le cuenta que toda la zona estaba infestada de ruinas incas (una de ellas, era Machu Picchu). Giesecke, conocedor del interés de Bingham, le escribe, contándole sobre este hecho. Un dato a tener en cuenta es el libro escrito por el inglés Converses Winner en 1880: “Pérou et Bolivie. Récit de Voyage, survi d’etudes archaéologiques et etnográfhiques et des aprecies sur l’escriture el las lengues des population indiennes”, en donde consigna un mapa con los topónimos de Machu Picchu y Huayna Picchu.

En mil novecientos once Bingham llega al val de Vilcabamba, pasa por Mandor y contrata los servicios del guía local Melchor Arteaga. El veinticuatro de julio llegan a la gruta del cerro llamado Machu Picchu, donde esta la fantástica llacta inca de Picchu. Bingham la bautizó con exactamente el mismo nombre del cerro que la albergaba y no tuvo dudas que esta, si era la legendaria Vitcos. Al poco tiempo da cuenta de su descubrimiento.

Después de este primer contacto con Machu Picchu, Bingham se comunica con Giesecke, quién cuenta el suceso a José Cosio, Secretario de la Universidad San Antonio Abad del Cusco y catedrático de la Capacitad de Letras, quien le sugirió organizar una expedición comprobatoria. Este último se comunicó con Enrique Palma, el que le refirió haber visitado Machu Picchu diez años ya antes (mil novecientos dos). Partieron en una expedición llegando al sitio el dieciocho de enero de mil novecientos doce, encontrando la inscripción que Palma había dejado como recuerdo de su estancia. Este refirió que en aquella vez hallaron un inquilino apellidado Balancee cultivando en chacras y andenes del lugar arqueológico. Afirmó abonar la suma de doce Soles de Oro al dueño de la Hacienda Cutija. En mil novecientos doce los inquilinos de esas tierras eran los Señores Arteaga y Lizárraga, siendo el primero el que guió a Bingham en mil novecientos once.

Encontrado Machu Picchu, la Vitcos de sus sueños, Bingham contrata en los USA a una plana de arqueólogos y antropólogos (entre aquéllos que resalta G. Eaton) para excavar el sitio. Con los auspicios del Gobierno del Perú de esos años, y dando clara muestra de su desinterés por el pasado incaico, dan permiso a la expedición de llevar a los E.U. los objetos encontrados a lo largo de los trabajos de esa temporada. Es conque a fines de mil novecientos once se genera un motín en el sureño puerto de Mollendo protestando por la salida del país del material arqueológico. En mil novecientos doce se repiten estos acontencimientos, incluyendo además de esto a las urbes de Castigo, Arequipa y Mollendo.

Bibliografía
Buse de la Guerra, Herman
1963 Machu Picchu, Antología. Ediciones de la Comisión Nacional de Cultura, Casa de la Cultura del Perú. Lima.
Espinoza Soriano, Waldemar
1997 “Las Llactas en el Imperio Incaico”, en XI Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina “August Cardich”. Actas y Trabajos. Pp 362-372.
Valcarsel, Luis E.
1968 Machu Picchu. Editorial Universitaria de Buenos Aires. 104 pp.
Textos, fotos y dibujos: Lizardo Tavera

 

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